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Como tantos otros países africanos, Sudán ha sido también víctima de una desacertada política colonial que ha dejado un legado de guerra y sufrimiento en el más grande país de África (cerca de 2,5 millones de kilómetros cuadrados) desde el mismo momento de su independencia en 1,956.
Se podría decir que ésta larga y cruel guerra entre el Norte y el Sur está desolando el país desde entonces, aunque en realidad ha existido una tregua de paz tras el desafortunado acuerdo de Addis Ababa, entre 1,972 y 1,983.
Muchas son las razones para que esta Guerra siga en pie hoy en día: razones de índole racista (entre los árabes en el Norte y los africanos, de origen “bantu”, en el Sur), diferencias religiosas, diferencias socio-jurídicas (ante la imposición de la Sharia: una ley considerada injusta y no aceptada en el Sur), la existencia de petróleo (que financia la compra de armamento), etc. ¡Hasta las aguas del Nilo que cruza el país de Sur a Norte suponen una grave amenaza para la Paz en este país!
En definitiva, “El Sudan”, que significa “el País de los Negros”, es en realidad todo menos eso, y la posibilidad de independencia de al menos una parte del País, el Sur, es contraria a muchos intereses internacionales e incluso a los mismos gobernantes de ambos bandos.
La consecuencia de todo esto son unos números alarmantes: cerca de 2 millones de víctimas mortales y 4 millones de desplazados, y la imposibilidad para los habitantes del Sur de obtener un poco de Paz o de poder cubrir sus necesidades más básicas de alimentación, sanidad o educación.
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